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Todos sabemos que la Tierra recibe energía del sol. Parte de ésta queda atrapada por los gases de efecto invernadero de la atmósfera y provoca, en un proceso natural, que la temperatura media de nuestro planeta sea de 15º, algo esencial para la vida. Éste es el efecto invernadero "natural".
Las cosas cambian al aumentar la cantidad de gases de efecto invernadero como consecuencia de la actividad humana. Y al efecto invernadero "natural" se le suma el efecto invernadero generado por la humanidad, lo que provoca que la energía que llega a la Tierra escape de ella más lentamente, por lo que es "mantenida" más tiempo junto a su superficie y así se va produciendo una elevación progresiva de la temperatura.
El clima en la Tierra siempre ha variado por causas naturales (movimiento de los continentes, volcanes, corrientes oceánicas…) y en muy distintas escalas temporales (en unos pocos años o a lo largo de millones de años). El problema del cambio climático que conocemos ahora es que en el último siglo los cambios se han acelerado como consecuencia directa o indirecta de la actividad humana y a través de la alteración en la composición de la atmósfera.
Los gases de efecto invernadero actúan como una barrera o como el cristal de un invernadero, absorbiendo el calor y devolviéndolo de nuevo a la superficie de la Tierra. Son varios los gases efecto invernadero: el CO2, el metano o el CFC (EROSKI fue el primer gran distribuidor en retirarlo de sus productos en aerosol, allá por 1989).
Hoy es el CO2 el que tiene un mayor impacto en el clima, tanto por el aumento de las emisiones en los últimos 100 años a través del uso masivo de combustibles fósiles (carbón, gas natural y petróleo) utilizados en el transporte, la producción industrial y el consumo doméstico; como porque la cantidad de CO2 absorbido por los ecosistemas naturales (océanos y bosques principalmente) está decreciendo progresivamente.
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