FRANCISCO JAVIER

Asesor Nutricional

FRANCISCO JAVIER

Pregunta a tu Nutricionista

¿Tienes alguna duda sobre alimentación y nutrición? Nuestro equipo de nutricionistas estará encantado de responderte. Envía tus preguntas de forma totalmente gratuita. Un asesor nutricional estudiará de forma personalizada tu consulta y responderá vía mail en un plazo máximo de 72 horas.

Se trata de un servicio exclusivo para socios EROSKI Club.

Consulta las respuestas obtenidas por otros socios de Eroski Club















Carmen

Recientemente me ha dado mala absorción a la fructosa y sorbitol. Fui al nutricionista para asesorarme, así todo es difícil hacer una dieta adecuada. Lo que se refiere a comida pre cocinada y alimentos elaborados, controlo no consumiendo, pero en los productos frescos la información que he encontrado es muchas veces contradictoria, porque no suelen aclarar a que casos se refiere, a los que tienen intolerancia genética o mala absorción.
Agradezco cualquier aclaración para poder comer mejor.
Un saludo.

Efectivamente la intolerancia hereditaria a la fructosa y la malabsorción a la fructosa y sorbitol no son lo mismo, aunque puede ocurrir que la dieta sí sea la misma o muy parecida. La diferencia más determinante va a ser el grado de tolerancia a la fructosa y sorbitol en el caso de la malabsorción, si el grado de tolerancia es moderado o alto la dieta va a poder ser menos restrictiva que en el caso de que el grado de tolerancia sea bajo o en el caso de la intolerancia hereditaria a la fructosa.
- Intolerancia hereditaria a la fructosa: trastorno genético raro en el que se carece de la enzima necesaria (aldolasa B) para metabolizar la fructosa una vez que esta ha sido absorbida a nivel intestinal. Al no ser metabolizada (usada) debe degradarse para ser eliminada y es en esta degradación en la que se produce una sustancia que resulta tóxica para el cuerpo, y que en estos enfermos se acumula en exceso pudiendo provocar desde algunos síntomas leves (náuseas, vómitos) hasta síntomas graves (fallo hepático, crecimiento insuficiente). La sintomatología aparece temprano, en cuanto se introducen las frutas y hortalizas en la alimentación del bebé, puesto que estos alimentos son fuente de fructosa. El tratamiento pasa por una dieta estricta exenta de fructosa, sacarosa (azúcar común) y sorbitol. La sacarosa debe eliminarse puesto que es un azúcar formado por la unión de 2 azúcares, fructosa y glucosa, es decir, que el azúcar común es fuente de fructosa. Y el sorbitol debe eliminarse porque a partir de él nuestro organismo puede sintetizar fructosa, con lo que el sorbitol de convierte en una fuente de fructosa.
- Malabsorción a la fructosa y sorbitol: en este caso el problema está a nivel intestinal, existe una alteración en los mecanismos de absorción de la fructosa a nivel intestinal, es decir, la fructosa no es absorbida por las células intestinales o se absorbe en menor medida. En este caso por tanto, los síntomas se van a generar a nivel intestinal, provocando náuseas, diarrea, gases, dolor abdominal… A diferencia de en la intolerancia hereditaria a la fructosa, el tratamiento pasa por disminuir la presencia de fructosa en la dieta, pero no suele ser necesario eliminarla totalmente ya que en estos casos suele tolerarse cierta cantidad de fructosa, suelen tolerarse bien los compuestos combinados a partes iguales con fructosa o con fructosa en menor cantidad, es decir, aquí no suele ser necesario eliminar o disminuir la presencia del azúcar común. Este trastorno es mucho más común que la intolerancia hereditaria a la fructosa.
En tu caso, que padeces malabsorción a la fructosa, lo primero que debes conocer es cuál es tu grado de tolerancia a la fructosa y el sorbitol para poder llevar una dieta que te evite los síntomas pero restringiendo la alimentación lo menos posible. Para ello debes acudir a un dietista-nutricionista que supervise este proceso y que a continuación te enseñe a llevar una alimentación adaptada que te permita mantener la salud y evitar los posibles síntomas. Normalmente los mayores problemas en cuanto a la selección de alimentos los vas a encontrar entre los alimentos procesados, puesto que muchos de ellos llevan añadida fructosa o sorbitol; es necesario leer el etiquetado de los productos y saber interpretarlo. Con los alimentos frescos hay menos problema, puesto que no están manipulados, no son una mezcla de ingredientes, con lo que de lo que se trata es de que sepas identificar aquellos alimentos que contienen fructosa de manera natural, para evitarlos en la medida que tu grado de intolerancia te obligue: frutas, hortalizas, cereales integrales, alguna legumbre o frutas secas. Aunque entre la variedad de estos grupos de alimentos se encuentran algunos con menor contenido en fructosa que quizá sí toleres, por eso es importante que acudas a un dietista-nutricionista para que te ayude e identifique tu grado de tolerancia. Sobre el contenido de fructosa y sorbitol de los alimentos, y de cuales suelen ser mejor tolerados, tienes más información actualizada en este enlace: http://www.ampap.es/wp-content/uploads/2014/05/Info_intolerancia_fructosaysorbitol_2014.pdf

IÑAKI

Mi mujer ha estado haciendo régimen con una médico, pero en el momento que se relaja vuelve a coger peso. El problema es que o hace régimen o engorda. ¿Hay alguna solución para que su vida no sea un continuo régimen? Tiene 50 años, pesa 77 kg. y mide 1,59.

Según los datos que nos facilitas, tu mujer se encuentra en el límite entre un sobrepeso moderado y una obesidad leve, según su Índice de Masa de Corporal y los puntos de corte que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), con lo que efectivamente le resultará positivo perder peso, perder el exceso de grasa. El efecto yo-yo o efecto rebote se trata de la recuperación del peso perdido, o más, tras hacer una dieta de adelgazamiento. Normalmente se da tras realizar dietas milagro, mal diseñadas y/o en la que no ha habido educación alimentaria y por tanto no se han dado cambios de hábitos alimentarios reales. Si uno come de una determinada manera y eso supone un peso corporal X, si tras perder peso vuelve a alimentarse como lo hacía, volverá a ese mismo peso X, como mínimo, porque si la dieta ha sido muy restrictiva calóricamente, es posible que el cuerpo se haya adaptado a esa restricción funcionando igual gastando menos energía, con lo que la ganancia de peso tras la dieta será todavía mayor.
Para realizar un tratamiento dietético para la pérdida de peso es fundamental ponerse en manos del profesional sanitario especialista, un dietista-nutricionista, que realizará una historia clínica y dietética, valorará una analítica sanguínea, realizará ciertas exploraciones (peso, altura, perímetros corporales, % de grasa, etc.), y tras una valoración y fijar objetivos consensuados le propondrá una serie de hábitos, herramientas, y pauta dietética si fuese necesaria, adaptada a sus particularidades individuales. Lo más importante a identificar en la historia dietética son aquellos hábitos alimentarios erróneos que están contribuyendo al sobrepeso, y averiguar porque se tienen esos hábitos, para poder aplicar las medidas más óptimas para cambiarlos. Es decir, es importante saber si existe un estado de ansiedad frente a la comida, si actuar sobre la saciedad es necesario, si el problema viene derivado de realizar comidas fuera de casa, si se están haciendo elecciones alimentarias perjudiciales, etc.
- Los alimentos que pueden incluirse en el marco de una alimentación saludable, teniendo en cuenta que debe basarse en alimentos de origen vegetal, son: frutas y verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva, huevos, lácteos sencillos (leche, yogur natural, quesos, cuajada), pescados y carnes magras.
Se debe prescindir de alimentos superfluos ricos en grasas de baja calidad, azúcares añadidos y calorías: embutidos, dulces, bollería, comida rápida, bebidas azucaradas, repostería, snacks, etc.
- No se deben buscar ni esperar milagros. Perder el exceso de grasa acumulado, cambiar hábitos alimentarios, incrementar el nivel de actividad física…, lleva su tiempo y requiere esfuerzo, como en todo, no existen los atajos ni los milagros, y recurrir a ellos puede suponer más perjuicio que beneficio en el corto y medio plazo, desde este efecto rebote, a problemas más graves como daños renales o hepáticos, déficits nutricionales, trastornos de la conducta alimentaria, resistencia a la pérdida de peso en siguientes dietas… No se debe recurrir nunca a:
o Dietas y productos milagro. El Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (GREP-AEDN) emitió un informe en 2012 en el que exponía las características de las dietas y métodos fraudulentas:
 Prometen resultados rápidos.
 Prometen resultados asombrosos o "mágicos” (ej.: “cura milagrosa”, "ingrediente secreto", "antiguo remedio”, "punto de estimulación del hambre", etc.).
 Prohíben el consumo de un alimento o grupo de alimentos.
 Contienen afirmaciones que contradicen a colectivos sanitarios de reputación reconocida.
 Incluyen relatos, historias o testimonios, sin documentar, para aportar credibilidad.
 Se pueden auto-administrar o implementar sin la participación de profesionales sanitarios cualificados (“hágalo usted mismo”).
 Exageran o distorsionan la realidad científica de un nutriente o alimento.
 Incluyen o se basan en el consumo de preparados que vende quien promueve el tratamiento dietético.
 Los preparados a consumir (productos dietéticos o similares) tienen un coste muy elevado si los comparamos con el valor económico de obtener los mismos resultados comiendo alimentos comunes.
 Garantizan los resultados o prometen “devolver el dinero” si no funciona.
 Afirmaciones que sugieren que el producto es seguro, ya que es "natural".
 Suelen desligarse de los posibles efectos adversos de su uso con frases parecidas a: “el autor o el fabricante no se responsabiliza de…”.
 Recomendaciones basadas en un único estudio, o en estudios realizados con pocas personas (muestra no representativa), seguidas durante un breve espacio de tiempo (suelen acompañarse de frases como "descubrimiento científico").
o Terapias alternativas sin fundamento científico: acupuntura, hipnosis, tests de intolerancias alimentarias, etc.
- Llevar una vida activa, realizar algún tipo de ejercicio, también es fundamental para la pérdida de peso, para el posterior mantenimiento del peso perdido y evitar así el efecto rebote; así como para muchos otros aspectos relacionados con el mantenimiento de una buena salud.

Mercedes

Me han diagnosticado un bocio multinodular intratorácico. No sé muy bien qué alimentos me conviene consumir (y los que no). Gracias por aconsejarme.

El bocio multinodular intratorácico es aquel bocio que se encuentra parcial o totalmente en el tórax (mediastino) y que puede localizarse en el mediastino anterior o posterior. El bocio multinodular es un aumento de la glándula tiroides debido a la aparición y aumento de tamaño de varios nódulos en la glándula. El tratamiento suele consistir en tratamiento farmacológico, yodo radiactivo que destruye las células de la glándula, o la extirpación de la glándula tiroides.
Mientras existe inflamación de la glándula puede ser que ocasione dificultad para tragar, disfagia, y en este caso habrá que adaptar la alimentación para evitar problemas. Esta dificultad para tragar puede ocurrir con sólidos o con líquidos, en este caso, como se debe a un problema obstructivo, lo más habitual es que aparezca una disfagia a sólidos. En este caso, la adaptación de la dieta pasa por adaptar la textura de los alimentos sólidos, modificando su textura o consumiendo alimentos de textura blanda; por ejemplo, tomar panes de molde o de media cocción evitando los panes tostados, escoger las frutas maduras porque son más blandas o tomarlas batidas, preparar guisos, carnes en salsa…mejor que a la plancha, etc.; puede llegar a ser necesaria la adaptación de la dieta a puré si el grado de la disfagia es elevado. Además, mientras el problema está activo, puede ser que la funcionalidad de la glándula tiroides esté alterada o no, y de estar alterada puede ser que curse con hipertiroidismo (aumento de producción de hormonas tiroideas) o hipotiroidismo (disminución o cese en la producción de hormonas tiroideas), en cuyo caso sería recomendable adaptar los hábitos de vida a cada situación, siendo necesaria la intervención de, al menos, el endocrino y el dietista-nutricionista. Las hormonas tiroideas (T3 y T4) influyen sobre el control de la temperatura corporal, de la frecuencia cardiaca, del metabolismo, de la producción de calcitonina (hormona que interviene en el metabolismo del calcio y el fósforo), y de la glucosa.
- Hipertiroidismo. Se produce por la secreción excesiva de las hormonas tiroideas, y entre los signos y síntomas que pueden presentarse son: elevación de la tasa metabólica (aumento del gasto calórico que puede producir pérdida de peso), pérdida de tejido óseo, muscular y graso, sudoración abundante, temblor, taquicardia, intolerancia al calor, nerviosismo, aumento del apetito, y si no se trata puede provocar incluso fibrilación auricular y osteoporosis. Algunas modificaciones en la alimentación que pueden ser beneficiosas, siempre bajo las indicaciones y seguimiento de endocrino y dietista-nutricionista, son:
o Aumentar la ingesta calórica. Las necesidades calóricas pueden estar aumentadas entre un 10 y un 60%.
o Asegurar un aporte proteico algo elevado para minimizar la pérdida de masa muscular. Entre 1 y 1,75 gramos de proteína por kilogramo de peso y día. Son fuente de proteína: huevos, pescados, carnes, legumbres, frutos secos y lácteos.
o Asegurar la ingesta suficiente de hidratos de carbono. Las principales fuentes alimentarias son: cereales: pasta, pan, arroz…(consumirlos preferiblemente integrales), frutas, legumbres, patatas, castañas.
o Si fuera necesario por sudoración abundante, diarreas…, aumentar la ingesta de agua.
o Aumentar la ingesta de calcio, fósforo y vitamina D, puede ser beneficioso y preventivo de osteoporosis.
o Evitar cafeína y todos los estimulantes.
o Eliminar el consumo de alcohol y tabaco. El alcohol favorece niveles bajos de azúcar en sangre, y el tabaco aumenta el gasto calórico.
- Hipotiroidismo. Se produce por la disminución o cese en la secreción de las hormonas tiroideas, y entre los signos y síntomas que pueden darse están: disminución del gasto calórico (aumento del peso), piel, pelo y uñas secos y frágiles, intolerancia al frío, fatiga y debilidad, disminución de la síntesis de vitamina A, alteraciones en la menstruación… Algunas modificaciones en la alimentación que pueden ser beneficiosas, siempre bajo las indicaciones y seguimiento de endocrino y dietista-nutricionista, son:
o Ajustar las calorías de la dieta para evitar una ganancia excesiva de peso.
o Asegurar un aporte suficiente de vitamina A o carotenos (provitamina A). Son fuentes alimentarias importantes: hígado, zanahoria, espinacas, rúcula, canónigos, quesos curados, chirlas, berberechos, huevo, acelgas, pomelo, tomate, acelga, muesli, calabaza, etc.
o Tomar suficientes antioxidantes, fibra y agua. Las mejores fuentes alimentarias de antioxidantes y fibra son: frutas, hortalizas, legumbres y cereales integrales.
o Asegurar la suficiente cantidad de yodo usando sal yodada.
o Limitar el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas o de baja calidad nutricional, ricos en azúcares añadidos y de alta densidad energética: embutidos, patés y carnes muy grasas, quesos curados, margarinas y mantequillas, alimentos precocinados, azúcar, dulces, bollería, postres dulces, bebidas azucaradas y alcohol.
o Conviene también aumentar el nivel de actividad física.
o A la hora de cocinar, utilizar técnicas poco grasas y que minimicen la pérdida de nutrientes: al vapor, olla a presión, horno, microondas, plancha, papillote, etc.
Una vez tratado el bocio, sobre todo si se ha tratado con yodo radiactivo o por extirpación, la funcionalidad de la glándula tiroides quedará anulada provocando un hipotiroidismo, siendo necesario el tratamiento farmacológico hormonal sustitutivo para suplir la falta de hormonas, así como llevar a cabo las medidas en cuanto a la alimentación y otros hábitos que se han descrito antes. Es importante que tengas en cuenta que los productos de la soja y derivados (tofu, bebida vegetal de soja, soja seca, etc.) pueden disminuir la absorción intestinal del principio activo del medicamento, disminuyendo su acción.

ITZIAR

Hola, tengo 50 años y me han aconsejado tomar colágeno con magnesio. ¿Qué me aconsejáis al respecto?

Este tipo de suplementos se han puesto muy de moda en estos últimos años, y suelen aconsejarse para dolores articulares (aunque en tu caso no especificas para que te lo han aconsejado), aunque carecen de evidencia científica que demuestre su utilidad. De hecho, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no ha aprobado el uso de ninguna alegación de salud para el colágeno, por ejemplo, no ha autorizado, por falta de pruebas, alegaciones del tipo:
- El colágeno puede/podría contribuir al mantenimiento del buen funcionamiento de las articulaciones.
- El colágeno es un componente natural de la piel. Ayuda a preservar su firmeza y elasticidad.
Si algún suplemento o alimento llevase alguna alegación de este tipo conteniendo colágeno, es porque contiene otra sustancia para la que sí existe evidencia científica al respecto y por tanto la alegación de salud está aprobada. Por ejemplo, es habitual encontrar vitamina C entre los componentes de estos suplementos de colágeno, ¿por qué? Porque esta vitamina sí tiene demostrado que contribuye a la formación normal de colágeno para el funcionamiento normal de los huesos y de los cartílagos. Pero no es necesario suplementarnos en vitamina C (y menos a partir de un suplemento de colágeno) para llegar a cubrir las necesidades diarias de esta vitamina si llevamos una alimentación equilibrada saludable, y tomar un exceso de vitamina C no aporta más beneficios, la realidad es que la cantidad de vitamina C que el cuerpo no usa se elimina por vía renal a través de la orina. La cantidad diaria recomendada es de 60 mg diarios, y según la Base de Datos Española de Composición de Alimentos (BEDCA) esta cantidad se puede alcanzar y sobrepasar fácilmente tomando 100-150 gramos en crudo (el calor destruye gran parte de la vitamina C) de alimentos como: pimientos, papaya, fresa, kiwi, naranja, mango, pomelo, paraguayo, nectarina, mandarina, acelgas, canónigos, etc.
El colágeno es una proteína que se encuentra en el tejido conjuntivo de los animales (o sea, en los humanos también) principalmente en la piel, tendones, cartílagos y huesos. Nuestro cuerpo es capaz de producir el colágeno necesario a partir de unas células específicas. Como todas las proteínas, el colágeno está formado por moléculas llamadas aminoácidos, que se unen entre sí para formar cadenas que, como en este caso, pueden ser muy largas. El colágeno, al igual que el resto de las proteínas, es digerido y absorbido por nuestro organismo gracias a enzimas, proteasas, que rompen los enlaces hasta obtener, liberar, sus aminoácidos, ya que los nutrientes se absorben y asimilan en sus formas (moléculas) más pequeñas. Es decir, el colágeno que se ingiere no se absorbe y asimila como colágeno, sino que se absorben y asimilan cada uno de sus aminoácidos por separado, que irán a aquella parte del organismo donde sean necesarios o corresponda cada uno de ellos. Tanto el colágeno como el resto de proteínas están formadas por cadenas que combinan un total de 20 aminoácidos, es decir, los aminoácidos del colágeno son los mismos que forman parte de otras proteínas. Parece entonces que, decir que tomar colágeno para un dolor articular se traduce en que ese colágeno se va a absorber tal cual (o los aminoácidos se van a volver a unir, tras ser absorbidos, para formar de nuevo colágeno), va a llegar a nuestra rodilla (por ejemplo) y se va a incorporar a sus tejidos, está muy lejos de la realidad de la fisiología humana, de los procesos digestivos y metabólicos.
En cuanto a tomar suplementos de magnesio, no es necesario si no existe un déficit de este mineral, y esto es aplicable a la mayoría de suplementos vitamínicos y minerales, y tomar de más de un mineral no nos va a aportar más beneficios. En todo caso, el déficit de magnesio es prácticamente inexistente en nuestro entorno, y la cantidad recomendada es fácilmente alcanzable mediante una dieta equilibrada saludable, con lo que parece que no hay muchos motivos por los que sea necesario pautar un suplemento de magnesio. La cantidad diaria recomendada de magnesio son 300 mg, y según BEDCA de nuevo, alimentos como frutos secos (sobre todo pipas de calabaza), quinoa, centeno, avena, cereales integrales (pasta y arroz integral…), legumbres, o semillas de lino y sésamo, aportan, por cada 100 gramos de alimento, más de la tercera parte de las necesidades de magnesio (más de 100 mg de magnesio).
Además, en caso de necesitar tomar un suplemento, este debe prescribirlo siempre un profesional sanitario.

FRANCISCO JAVIER

Buenas tardes, me gustaría saber si la recomendación nutricional es tomar productos lácteos desnatados o enteros en un paciente con IAM, diabético y con hipercolesterolemia, les pregunto esto porque hay gran controversia al respecto. Un saludo y muchas gracias.

Durante mucho tiempo, y todavía hoy, el consejo principal a la hora de escoger un lácteo era que fuese desnatado, justificado por la relación de las grasas saturadas, de origen animal, con el sobrepeso y obesidad y las enfermedades cardiovasculares e hipercolesterolemia, sobre todo. Hoy ya sabemos que los distintos tipos de grasa tienen diferentes efectos sobre el organismo, sobre la salud, en función de muchos aspectos, no solo de si la grasa es saturada o no; así, parece que la grasa láctea no tiene los efectos perjudiciales sobre el peso corporal y las enfermedades cardiovasculares que se pensaba, y por tanto no está justificado este consejo de escoger lácteos desnatados, máxime cuando además, lo que ha ocurrido, es que por fijarnos tanto en la grasa láctea no nos hemos preocupado de otros aspectos, como de los azúcares simples añadidos, que se usan ampliamente para sustituir las grasas en los productos lácteos, sobre todo en postres lácteos, y estos sí guardan una relación directa con el aumento del riesgo de diabetes o un peor control de la enfermedad. El azúcar que contienen los lácteos de forma natural (la lactosa), debido al resto de compuestos de la leche, no actúan igual que los azúcares simples añadidos; circunstancia que también ocurre con el azúcar naturalmente presente en la fruta (la fructosa).
Hay que tener en cuenta que hay ciertas vitaminas que por ser liposolubles solo están en la grasa de los alimentos, y en el caso de los lácteos destacan la vitamina A y la vitamina D, que al tomar los lácteos en su forma desnatada, las estamos eliminando del alimento, y que junto a otros componentes de los lácteos como el calcio, el fósforo y el potasio, les confieren propiedades beneficiosas desde un punto de vista cardiovascular.
Para más información, puedes consultar el informe “Evidencia Científica sobre el papel del yogur y otras leches fermentadas en la alimentación saludable de la población española” publicado por la FESNAD (Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética) en 2016 y que recoge las más recientes evidencias científicas en esta materia. A modo resumen, en su capítulo 6 “Los productos lácteos en la prevención de la enfermedad”, se muestra que:
- La mayoría de estudios observacionales y prospectivos, no han demostrado ninguna asociación entre el consumo de lácteos y el riesgo de enfermedades cardiovasculares, enfermedad coronaria o ictus. Por el contrario, en un meta-análisis reciente se ha encontrado un menor riesgo de mortalidad general, cardiopatía isquémica, e ictus, asociado al consumo de lácteos.
- En un meta-análisis en el que se analizó el efecto del consumo de lácteos sobre el riesgo de hipertensión se concluyó que tanto el consumo de lácteos totales, como de lácteos bajos en grasa y de leche contribuirían a reducir el riesgo de hipertensión.
- El riesgo de Diabetes Mellitus tipo 2 podría ser reducido en un 5% gracias al consumo de lácteos y en un 10% con el consumo de lácteos bajos en grasa.
Puedes descargar el informe en: http://www.fesnad.org/index.php?seccion=dinamico&subSeccion=documento&idF=12
Entonces, a la hora de escoger un lácteo, es preferible escoger los más sencillos, es decir, los menos procesados, enteros, naturales, y sin azúcares añadidos.
La leche, siempre que no haya ninguna contraindicación médica, entera o semidesnatada. La leche entera aporta, por 100 ml, 3,8 gramos de grasa, de la que 2,3 gramos son grasa saturada, es decir, no se puede decir que la leche entera sea un alimento rico en grasa. Asimismo, aporta 65 kcal por cada 100 ml, tampoco se puede decir que sea un alimento calórico. En un vaso de leche entera tomamos entre 130 y 160 kcal, y entre 7,6 y 9,5 gramos de grasa.
En cuanto a los yogures, lo mismo, naturales y enteros. Si te fijas en la información nutricional de los yogures, verás que los desnatados y otras variedades (sabores, con fruta, con fibra...) pueden llegar a tener el triple de azúcares simples que el mismo yogur pero natural y entero, y es que se añade azúcar para dar sabor, textura... Lo mejor es que, de no gustaros los yogures naturales (podemos llegar a educar el paladar y sería lo ideal) busquéis maneras caseras de darle otro sabor: con canela o cacao puro espolvoreados, añadir frutos secos o fruta fresca en trozos, frutos rojos, etc.
En cuanto a los quesos, lo primero que hay que hacer es asegurarse de que el producto es queso, y no una mezcla de grasas (natas, aceite de palma...). A partir de ahí, los curados y semicurados serán de consumo menos habitual, y el tamaño de la ración es menor, porque son más concentrados en nutrientes y porque suponen un aporte importante de sal. En tu caso, sería preferible que, de consumir queso, consumas quesos frescos, ya que cuanto más curado esté un queso, más cantidad de grasas y sal aportará. Un queso fresco, tipo de Burgos, puede contener un 15% de grasa, mientras que un queso curado puede tener más del doble, alrededor del 35% de su contenido es grasa. Igualmente, un queso curado aporta el triple de sal que un queso fresco.